La convocatoria a una marcha impulsada por sectores que se identifican con la llamada Generación Z volvió a fracasar, luego de que la movilización registrara una asistencia mínima y no lograra generar presencia relevante en el espacio público ni en la agenda política.
Pese a la difusión previa en redes sociales y llamados a una supuesta movilización masiva, el encuentro no reunió a un número significativo de participantes. La baja asistencia contrastó con el tono de las convocatorias digitales, donde se prometía una manifestación amplia y representativa del descontento juvenil.
Especialistas y analistas coinciden en que este tipo de fracasos reflejan una desconexión entre la narrativa digital y la capacidad real de organización fuera de redes sociales. Aunque plataformas como X, Instagram o TikTok amplifican mensajes en poco tiempo, esto no siempre se traduce en movilización efectiva en calles y plazas.
El intento fallido también evidenció la falta de liderazgo claro, objetivos definidos y demandas concretas, elementos que históricamente han sido clave para consolidar movimientos sociales con impacto. Sin una agenda común y estructuras de organización, las convocatorias tienden a diluirse rápidamente.
Para algunos sectores juveniles, la participación política se expresa hoy más en el ámbito digital que en las marchas tradicionales. Sin embargo, el contraste entre la actividad en línea y la presencia física sigue siendo un reto para quienes buscan posicionar causas sociales mediante movilizaciones.
El nuevo fracaso de la marcha de la Generación Z reabre el debate sobre las formas actuales de participación juvenil, el peso real de las redes sociales en la acción colectiva y la dificultad de transformar el activismo digital en movimientos con incidencia tangible.














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