San Juan Huacalco es uno de los asentamientos originarios menos conocidos de Azcapotzalco, pero también uno de los más antiguos. A diferencia de otros pueblos de la zona, Huacalco no sobrevivió como una comunidad con plaza y traza urbana propia. Su historia quedó cubierta por el crecimiento de la ciudad, hasta integrarse por completo al entorno moderno.
El nombre Huacalco proviene del náhuatl huacalli, que significa huacal, una canasta utilizada para transportar objetos. Este término remite a un paisaje previo a la urbanización, dominado por lagunas y humedales, donde posiblemente existieron actividades artesanales tempranas relacionadas con la cestería y el uso de fibras vegetales.
Desde época prehispánica, Huacalco formó parte del territorio dominado por Azcapotzalco, uno de los centros políticos más relevantes del poder tepaneca. La tradición local vincula este asentamiento con el tlatoani mexica Itzcóatl, y sostiene que en el sitio existió un monumento funerario dedicado a su madre. Aunque no se conserva evidencia directa de esa obra, el relato refleja la relevancia simbólica del lugar.
Otra leyenda ampliamente difundida señala que Hernán Cortés se habría refugiado en esta zona en 1521, tras la derrota española conocida como la Noche Triste. En ese periodo, Huacalco habría sido uno de los pocos puntos de tierra firme en una región rodeada por cuerpos de agua. Esta versión se mantiene como tradición oral, sin confirmación documental definitiva.
Durante el siglo XVII se construyó la Capilla de San Juan Evangelista Huacalco, hoy catalogada como Monumento Histórico. En 1966 fue elevada a parroquia y, entre 1976 y 1982, el mismo conjunto religioso fue adaptado y ampliado para atender a la población creciente, al mismo tiempo que se desarrollaba la Unidad Habitacional Cuitláhuac, que terminó por encerrar al antiguo asentamiento.
Actualmente, una escultura contemporánea de Itzcóatl recuerda el pasado prehispánico de Huacalco. Aunque el lugar dejó de existir como comunidad visible, su historia sigue presente como una de las capas más antiguas de Azcapotzalco, testigo silencioso de un territorio que fue transformado por la ciudad.














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